Ante el pronóstico de un Súper Niño y el potencial aumento de las pérdidas relacionadas con eventos climáticos extremos en el país, el agronegocio brasileño necesita acelerar la adopción de buenas prácticas productivas, ampliar la recuperación de áreas degradadas y fortalecer la adaptación climática mediante instrumentos como el crédito,
el seguro rural y la asistencia técnica. El uso sostenible de la tierra, en ese sentido, es fundamental para preparar al sector agropecuario para un escenario climático cada vez más inestable, sostiene la Coalición Brasil Clima, Bosques y Agricultura en un nuevo documento de propuestas para los candidatos a las elecciones de 2026.
La advertencia surge en un momento crítico, con un nuevo análisis de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) que indica un 81% de probabilidades de que El Niño se convierta en un fenómeno muy fuerte entre octubre y diciembre, lo que debería incrementar la ocurrencia de olas de calor, sequías y lluvias intensas. Para la Coalición Brasil, este escenario refuerza la urgencia de impulsar la agenda de adaptación climática, enfocándose en una estrategia que reduzca las vulnerabilidades del sector productivo.
«La previsión de un El Niño deja de ser solo una alerta meteorológica para convertirse en un llamado urgente a la modernización de nuestras políticas públicas para el campo», advirtió Leila Harfuch, integrante del Grupo Estratégico de la Coalición y socia gerente de Agroicone.
Según la especialista, el fenómeno presiona la agenda de adaptación climática y exige que el seguro y el crédito rural sean actualizados para ofrecer previsibilidad y proteger los ingresos de los productores frente a pérdidas de cosecha cada vez más frecuentes.
«Ya no podemos tratar los eventos extremos como excepciones; necesitamos una planificación territorial sólida y una implementación ágil del Código Forestal para reducir las vulnerabilidades y garantizar la seguridad hídrica, energética, productiva y alimentaria del país», afirmó.
Además del fortalecimiento del seguro y del crédito rural, las medidas prioritarias presentadas por la Coalición a los candidatos para las elecciones de 2026 incluyen la expansión de tecnologías ya consolidadas, como la siembra directa, el uso de bioinsumos y sistemas integrados, como la Integración Agricultura-Ganadería-Bosque (ILPF), que recuperan la calidad del suelo y aumentan la capacidad de adaptación de la producción.
«La resiliencia de la agropecuaria brasileña depende del reconocimiento del uso sostenible de la tierra como un activo económico», afirmó Rodrigo Castro, integrante del Grupo Estratégico de la Coalición y director nacional de la Fundación Solidaridad.
El documento también enfatiza la importancia de considerar la conservación y el manejo adecuado de la tierra como activos económicos concretos y no como temas separados de la agenda productiva. Según la Coalición, es necesario producir más y mejor mediante la adopción de prácticas de agricultura regenerativa, de bajo carbono y de conservación del suelo para fortalecer la resiliencia frente a la creciente irregularidad climática.
Castro destacó además que la agropecuaria brasileña contribuye a la seguridad alimentaria de más de 1.000 millones de personas en el mundo y que garantizar la capacidad de adaptación del sector equivale a asegurar el abastecimiento de casi el 20% de la población mundial.
Para el especialista, acelerar la regularización ambiental e integrar la conservación de la vegetación nativa a los sistemas productivos no solo protege los biomas, sino que también fortalece la productividad frente a los efectos del clima y garantiza la competitividad de Brasil en el mercado global.







